¿Por qué se rompen las relaciones tras las vacaciones?

El verano paradójicamente es una época estresante y compleja para muchas parejas.

Por un lado, supone una etapa de cierre respecto a todo el proceso laboral y vital del año completo, dónde además existe la expectativa de transformar toda esa rutina y cansancio en bienestar y diversión. En el fondo esto supone cerrar una etapa, sin hacer balance de la misma ni aprender del proceso y de los errores y aciertos cometidos; al mismo tiempo que abrimos la posibilidad a una expectativa (incierta cuanto menos y casi siempre incapaz) de cumplirse.

 

 

Vivimos en una sociedad excesivamente restringida y en una mente de las mismas características, que no nos da la opción ni tan siquiera de pensar que para echar de menos a veces hay que poner distancia. De la misma manera que para clarificar y encontrar nuevas soluciones, necesitamos recapacitar sobre un determinado tema.De tal forma, comenzamos inevitablemente nuestra andadura de vacaciones en posesión y compañía de toda la familia y la pareja, cuando en el fondo de nuestro fuero interno lo que hay es una necesidad supina de silencio y distancia respecto a todo y a todos.

Desde ahí, lo único que puede desencadenarse es una explosión.Pero incluso después de esta experiencia, nos preguntamos ¿qué es lo que pasó?. Paso, lo que tenía que pasar, lo inevitable dadas las circunstancias en las que ni siquiera nosotros nos dimos la oportunidad de colocar las cosas en su sitio, de aprender de todo un año de vivencias de respetarnos en el silencio y en el espacio y continuamos en la carrera hacia no se sabe dónde con la expectativa de que eso iba a ser descanso, tranquilidad, sosiego, drenaje. Y después de las tan deseadas vacaciones que esperamos tras un año, volvemos con nuestra capacidad mental y emocional a rebosar a ponernos el corsé de la vuelta al trabajo y a la rutina.

Cierto es que andamos las más de las veces por la vida sin tener ni idea de dónde estamos ni de lo que necesitamos, así nos pasa lo que nos pasa y mientras nos sacrificamos la vida.

 

Ana Ocaña, especialista en Salud

 

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