¿Yo y mi Autotestima o Mi Autoestima y yo?

Llega a un momento en la vida en el que lo mejor que podemos hacer por nosotros es dejar de culpar a nuestros padres, a nuestros hermanos, a las circunstancias poco favorables, a los abusos emocionales, mentales y físicos, a nuestras desgracias previas, a nuestras expectativas no cumplidas y nuestros anhelos que aún siendo lícitos no fueron atendidos.

El ser humano nace traumatizado pero lo imprescindible es que muera libre. Todos hemos sufrido heridas que nos marcan y nos moldean.

 

Molean nuestro pensamiento y nuestra comprensión de los hechos y la realidad. Moldean nuestros límites y nuestras limitaciones hasta el punto de que en ocasiones, si dejamos a la inercia actuar y no ponemos conciencia en el proceso terminamos con la sensación de vivir encarcelados y ajenos en nuestra capacidad de ser los directores y capitanes de nuestra vida.

Este proceso aunque imprescindible y liberador no es fácil, ni intuitivo. muchas veces. Requiere de autorresponsabilizarse de uno mismo y de nuestros errores. Requiere de un cambio de la perspectiva y dejar de lado el traje de víctima y ser capaz de retarse e ilusionarse por nuestro destino traiga lo que traiga y sea como sea.

Muchas veces este proceso requiere de una buena crisis vital o de un buen terapeuta, o de las dos cosas a la vez en la mayoría de las ocasiones; para reincorporarnos a la órbita de la sensibilidad y de entender que la vida es para vivirla en vez de para sufrirla, que si nos asedian las desgracias y las tragedias tenemos que algo que ver en permitir o tener en cuenta a todos estos enemigos externos o internos en vez de centrarnos en como resolver o escabullirnos de ellas. 

Cambia de gafas y cambia de perspectiva, y si necesitas, consulta a un terapeuta que te acompañe en el proceso de aprender a separar lo real de lo inventado, lo antigüo y obsoleto de lo actualizado. Que te enseñe a escucharte, a creerte, a atenderte, a respetarte, a valorarte, a responsabilizarte de tu bienestar por encima de todo y de todos.

Recuerda que solo si tú estas bien, el mundo que te rodea podrá estar bien.

 

 

 

 

 

 

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