Publicado el por Ana Ocaña Mateos, Psicóloga Sanitaria · Col. M-28828

Por qué algunas personas apenas conservan recuerdos de sus primeros años, y qué relación puede existir —o no— entre las lagunas de memoria, las experiencias emocionales y el trauma.
Ana Ocaña Mateos · Psicóloga Sanitaria · Colegiada M-28828
Hay personas que recuerdan su infancia a través de escenas muy precisas: la casa de sus abuelos, una conversación en el colegio, el olor de una habitación o las pequeñas rutinas familiares. Otras apenas encuentran imágenes cuando miran hacia atrás.
Saben dónde vivían, reconocen las fotografías y pueden contar hechos que sus familiares les han relatado. Pero les cuesta recordar cómo era estar allí. Cuando alguien les pregunta por aquellos años, dicen: «La verdad es que no recuerdo casi nada».
La pregunta suele llegar después: «¿Por qué no recuerdo mi infancia? ¿Significa que me pasó algo malo?»
No necesariamente. Olvidar buena parte de los primeros años de vida es normal. La memoria autobiográfica se desarrolla progresivamente y no registra la existencia como una cámara. Sin embargo, algunas experiencias de estrés intenso, ciertos fenómenos disociativos y otras condiciones psicológicas o médicas pueden influir en nuestra capacidad para recordar.
Comprender esta diferencia exige prudencia. Tan problemático sería convertir cualquier vacío de memoria en prueba de un trauma como restar importancia a una dificultad de memoria que merece ser evaluada.
Por qué no recuerdo mi infancia: qué sabemos sobre la memoria autobiográfica
La memoria autobiográfica nos permite recuperar acontecimientos vividos e incorporarlos a una historia personal. No es un archivo completo: selecciona, organiza, reconstruye y olvida.
Durante los primeros años de vida maduran el lenguaje, la comprensión del tiempo y los procesos que permiten conservar y recuperar recuerdos personales. Por eso la mayoría de los adultos recuerda muy pocos acontecimientos de sus primeros tres o cuatro años. Es el fenómeno conocido como amnesia infantil.
La investigación de Patricia J. Bauer explica que la escasez de recuerdos tempranos está relacionada con procesos de desarrollo y con una mayor vulnerabilidad al olvido durante la infancia. Leer la revisión científica de Bauer en Psychological Review.
Incluso después de esos primeros años, las diferencias entre personas son amplias. Algunas conservan escenas detalladas; otras recuerdan sobre todo información general: dónde estudiaron, quiénes eran sus amigos o qué costumbres tenían en casa.
Tener pocos recuerdos infantiles no es, por sí mismo, un síntoma de trauma ni un diagnóstico clínico.
Saber lo que pasó no es lo mismo que recordarlo
Una persona puede saber que cambió de colegio a los siete años, pero no recordar su primer día en el nuevo centro. Puede reconocer una fotografía familiar sin recuperar la experiencia subjetiva de aquel momento.
La memoria personal integra tanto información sobre nuestra biografía como recuerdos de episodios concretos. No son exactamente lo mismo.
Esta distinción explica por qué algunas personas dicen conocer su infancia «por lo que otros me cuentan» y sienten que disponen de pocos recuerdos propios. Esa vivencia puede despertar inquietud, aunque no indique necesariamente que haya existido una experiencia traumática.
¿Puede el trauma afectar a la memoria?
Sí, pero no de una única manera.
Ante experiencias traumáticas, algunas personas recuerdan ciertos fragmentos con especial intensidad: imágenes intrusivas, sensaciones o recuerdos que aparecen de manera involuntaria. Otras encuentran dificultades para organizar la secuencia de lo sucedido o para recordar aspectos específicos. También pueden intervenir la atención, el estado emocional, el sueño, la evitación y otros factores.
El punto decisivo es que no existe una relación simple entre «poco recuerdo» y «mucho trauma». La historia de cada persona requiere una evaluación individual.
Por ejemplo, en mi artículo sobre ansiedad sin motivo aparente e hipervigilancia explico cómo ciertas experiencias de inseguridad pueden asociarse a una respuesta persistente de alerta. Esto no significa que toda ansiedad proceda de un trauma olvidado, ni que los síntomas actuales demuestren que existió un acontecimiento que la persona no recuerda.
Disociación y memoria: cuándo la desconexión necesita atención
La disociación describe alteraciones de la integración habitual de procesos como la conciencia, la memoria, la identidad o la percepción. Puede presentarse de diferentes formas y no siempre supone un trastorno.
Algunas personas describen despersonalización: una sensación de distancia respecto a sí mismas. Otras experimentan desrealización, en la que el entorno parece extraño o irreal. En determinadas circunstancias, las dificultades disociativas pueden afectar a la memoria autobiográfica.
Las recomendaciones NICE para el trastorno por estrés postraumático contemplan los síntomas disociativos dentro de la evaluación y la planificación del tratamiento. Sin embargo, tener dificultad para recordar la infancia no equivale a padecer disociación.
La diferencia entre amnesia infantil y amnesia disociativa
La amnesia infantil es un fenómeno del desarrollo que explica por qué conservamos pocos recuerdos de los primeros años. La amnesia disociativa, en cambio, implica una incapacidad para recuperar información autobiográfica importante que resulta incompatible con el olvido habitual y requiere una valoración diagnóstica cuidadosa.
No debe atribuirse a disociación una pérdida de memoria sin descartar otras posibles causas. Como recoge el Manual MSD para profesionales sobre amnesia disociativa, la evaluación clínica debe considerar otras explicaciones, incluidas las neurológicas y los efectos de sustancias o medicamentos.
En especial, las pérdidas de memoria recientes, progresivas, inexplicadas o que interfieren en la vida cotidiana necesitan una valoración médica.
Una infancia emocionalmente difícil no siempre deja un relato claro
Algunas personas recuerdan una infancia aparentemente tranquila y, al hablar de ella, descubren que les cuesta encontrar momentos en los que pudieron expresar libremente miedo, enfado o tristeza.
Puede haber habido imprevisibilidad emocional, exigencias excesivas, silencios o la necesidad de estar continuamente pendientes del estado de ánimo de los adultos. Son experiencias que merecen explorarse cuando resultan relevantes para el bienestar actual.
Por ejemplo, la parentificación emocional describe situaciones en las que un niño o adolescente asume responsabilidades emocionales que corresponden a los adultos.
Pero incluso cuando se identifican circunstancias familiares difíciles, no sería riguroso utilizarlas para deducir que existen recuerdos reprimidos. Lo que una persona siente hoy puede ser importante clínicamente sin permitir reconstruir acontecimientos que no recuerda.
La memoria no es una grabación: el riesgo de interpretar los vacíos
Cuando alguien no recuerda una etapa de su vida, puede resultar tentador buscar una explicación total. La idea de que «si no lo recuerdo, mi mente debió bloquear algo terrible» parece ofrecer una respuesta; sin embargo, no está justificada sin evidencias.
Recordar es un proceso reconstructivo. La información recuperada puede estar influida por interpretaciones posteriores, conversaciones, expectativas o sugerencias. Esto no significa que los recuerdos sean siempre incorrectos, sino que no constituyen reproducciones perfectas del pasado.
Especialmente delicada es la pretensión de recuperar recuerdos ocultos mediante procedimientos sugestivos o partiendo de la certeza de que tuvo que suceder algo. La American Psychological Association describe el concepto de recovered memory y sus controversias.
En terapia no corresponde completar los silencios de una biografía con explicaciones impuestas. Tampoco debemos tomar un sueño, una sensación corporal o una imagen mental como prueba histórica de un acontecimiento concreto.
Escuchar y validar el sufrimiento de una persona no exige afirmar hechos que todavía no conocemos.
¿Y si no recuerdo lo que pasó, pero algo de mi presente me hace sufrir?
No es necesario disponer de una narración completa de la infancia para pedir ayuda psicológica.
Una persona puede consultar por ansiedad, dificultades para establecer límites, relaciones conflictivas, culpa, inseguridad o una sensación persistente de desconexión. Estos problemas merecen atención incluso cuando no existe una explicación autobiográfica clara.
Desde una perspectiva clínica es importante evitar una explicación única para síntomas que pueden tener múltiples causas. La ansiedad, por ejemplo, puede relacionarse con circunstancias actuales, factores biológicos, experiencias previas y patrones aprendidos, entre otros elementos.
La pregunta terapéutica no tiene por qué ser «¿qué recuerdo me falta?». A veces es mucho más útil preguntarse: «¿qué me ocurre ahora, qué lo mantiene y qué necesito para vivir con mayor seguridad?»
Cuando los vacíos de memoria afectan a la identidad
Los recuerdos autobiográficos ayudan a construir nuestra sensación de continuidad: la idea de que la persona que somos hoy guarda relación con quien fuimos.
Por eso puede resultar desconcertante no recordar apenas episodios de una etapa vital. Algunas personas sienten que conocen su historia a través de los relatos ajenos y se preguntan hasta qué punto pueden comprenderse a sí mismas sin esos recuerdos.
Pero nuestra identidad no depende de conservar cada escena del pasado. También se construye con vínculos actuales, valores, decisiones, proyectos y experiencias presentes.
El trabajo psicológico puede ayudar a dar sentido a lo que conocemos de nuestra historia sin exigir que todos sus vacíos desaparezcan.
Cómo se trabaja en terapia la memoria, la disociación y el trauma
En mi práctica profesional parto de una idea fundamental: primero comprender, después intervenir.
Evaluación antes que interpretación
Es necesario distinguir el olvido cotidiano de alteraciones que afectan al funcionamiento, explorar cuándo empezaron las dificultades y determinar si procede una evaluación médica o psicológica especializada.
Atención a los síntomas actuales
Cuando existe ansiedad, desconexión emocional, dificultades relacionales o malestar significativo, la intervención puede centrarse en la regulación emocional, la seguridad y los problemas presentes, sin convertir la recuperación de recuerdos en una obligación.
Tratamiento ajustado a cada historia
Trabajo desde un enfoque integrador que incorpora, según las necesidades, recursos de EMDR, Integración del Ciclo Vital, terapia sistémica y humanista. La pertinencia de cada intervención depende de la evaluación.
Las guías NICE recomiendan tratamientos focalizados en el trauma, entre ellos EMDR, en determinadas situaciones de trastorno por estrés postraumático. Eso no convierte el EMDR en una técnica destinada a descubrir recuerdos ocultos, ni hace que el olvido infantil sea por sí solo una indicación terapéutica.
En mi consulta, las sesiones de EMDR se realizan de forma presencial.
El objetivo del tratamiento no es fabricar una biografía sin incertidumbres, sino aliviar el sufrimiento y favorecer una vida más segura y coherente.
¿Cuándo conviene consultar por lagunas de memoria?
No recordar la infancia no requiere siempre tratamiento. Conviene buscar valoración cuando existen pérdidas de memoria inesperadas, periodos importantes inexplicables, episodios de desconexión que afectan al día a día o angustia persistente asociada a estas experiencias.
Si las alteraciones son nuevas, progresivas, aparecen después de un golpe en la cabeza o se acompañan de otros síntomas físicos o neurológicos, debe priorizarse la evaluación médica.
Cuando predominan el malestar emocional, las dificultades relacionales o posibles síntomas disociativos, una evaluación psicológica puede ayudar a aclarar el problema y determinar el abordaje adecuado.
No recordar todo no significa que falte una parte de ti
No tenemos una memoria completa de nuestra vida. Todos construimos nuestro relato personal a partir de experiencias, aprendizajes y recuerdos parciales.
A veces hay experiencias dolorosas que necesitan ser comprendidas. Otras veces el olvido pertenece al funcionamiento normal de la memoria. Y, en algunas situaciones, las dificultades requieren una evaluación profesional.
No podemos distinguir estas posibilidades mediante una sospecha ni una interpretación apresurada.
El sufrimiento merece ser escuchado. Los recuerdos merecen ser tratados con respeto. Y aquello que no se recuerda merece también prudencia.
Porque comprender nuestra historia no consiste en rellenar a cualquier precio todos sus silencios. Consiste en aprender a relacionarnos con lo que sabemos, con lo que sentimos y también con aquello que quizá nunca podamos reconstruir por completo.
Preguntas frecuentes
¿Es normal no recordar casi nada de mi infancia?
Es habitual tener pocos recuerdos de los primeros años y que los recuerdos posteriores sean fragmentarios. La extensión del olvido, su evolución y su repercusión determinan si conviene evaluarlo.
¿No recordar mi infancia significa que sufrí un trauma?
No. No hay fundamento para considerar la falta de recuerdos infantiles como demostración de un trauma oculto.
¿Puede el estrés intenso alterar cómo recordamos?
Sí. Puede influir en la atención, la codificación y la recuperación de determinados recuerdos, pero no existe un patrón único que permita diagnosticar trauma a partir del olvido.
¿La amnesia disociativa es lo mismo que la amnesia infantil?
No. La primera requiere una evaluación clínica específica; la segunda forma parte del desarrollo habitual de la memoria autobiográfica.
¿Necesito recuperar recuerdos para mejorar en terapia?
No. Puede trabajarse sobre el malestar, la regulación emocional, las relaciones y las experiencias conocidas sin forzar la aparición de recuerdos.
¿El EMDR sirve para averiguar qué pasó en mi infancia?
No debe utilizarse como un procedimiento para demostrar acontecimientos supuestamente olvidados. Su indicación es clínica y se valora según los problemas y objetivos de tratamiento.
Referencias
- Bauer, P. J. (2015). A complementary processes account of the development of childhood amnesia and a personal past. Psychological Review, 122(2), 204–231
- NICE. Post-traumatic stress disorder (NG116): Recommendations
- Manual MSD para profesionales. Amnesia disociativa
- American Psychological Association. Recovered memory. APA Dictionary of Psychology
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